Nuevos poderes de las hierbas mapuches

El vira-vira para combatir el virus sincicial. El arrayán y la araucaria para problemas emocionales o déficit atencional infantil. El herbolario mapuche se ha ampliado, llegando a utilizar sus esencias incluso en flores de Bach. Todas, basándose en la misma trilogía que emparenta a la medicina mapuche con la ayurvédica o china: la armonía entre el hombre, su mundo interno y todo lo que lo rodea.

La medicina mapuche cada vez adquiere mayor reconocimiento entre los seguidores de los sistemas de salud complementaria. La tendencia partió hace una década con el desarrollo de un hospital en Padre Las Casas, Novena Región, que integró sus conocimientos, y luego se amplió con la cadena farmacéutica Makelawen, que rescató las bondades de su botiquín natural en una serie de fitofármacos.

Una tradición que ahora gana terreno con la introducción de su generoso catálogo de hierbas en otras terapias alternativas como las flores de Bach, que ya cuentan con esencias extraídas del copihue o del canelo, el árbol sagrado mapuche.

El químico farmacéutico Ramiro Ríos, quien participó en los estudios para crear el catálogo de la farmacia, ahora está trabajando con distintas comunidades para aumentar el herbolario mapuche, y su labor ya está generando frutos.

Hasta el momento lleva cerca de 500 plantas clasificadas y espera generar una especie de puente para que los mismos mapuches negocien las fórmulas de sus preparados. Una de las especies que destaca el profesional es el canelo, por su valor como antioxidante y su utilidad para tratar problemas reumáticos.

El vira-vira, una planta que fundamentalmente limpia las vías respiratorias y que según estudios que se han realizado en la Universidad de Santiago, serviría para combatir el virus sincicial. O el radal, que posee principios antioxidantes, que se ha investigado en Inglaterra. “Si los estudios lo comprueban, terminarían de demostrar el poder de las hierbas que para los mapuches siempre han sido mágicas”, asegura.

La armonía entre el hombre, su mundo interno y todo lo que lo rodea. Ésa es la trilogía mágica que persigue su medicina y que, curiosamente, la emparenta con otros sistemas de salud interculturales como el ayurveda o la medicina china. Al igual que estas tradiciones, la medicina desarrollada por esta etnia cree que las personas y el mundo que las rodea conforman una sola unidad. Y que las enfermedades son el reflejo de un desequilibrio entre el cuerpo, la mente y los espíritus del entorno.

“El pueblo mapuche visualiza la enfermedad como una transgresión. Para ellos estar bien o estar mal consiste en que las personas mantengan su equilibrio interno, con sus familiares y con su entorno cultural, ambiental, territorial, religioso y cósmico”, asegura la siquiatra Gema Cabrera Oyarzún, especializada en terapias alternativas y que desde hace una década comenzó a interiorizarse en la cosmovisión de este pueblo indígena.

Luego de participar como asesora sobre el tema mapuche en la Universidad de los Derechos Humanos de Ginebra, y realizar una consultoría técnica a la cadena de farmacias Makelawen, Gema Cabrera ahora integra el centro de bienestar Casa de la Vida. Por lo mismo se reúne continuamente con machis de las comunidades más representativas de la zona de Arauco y participa de sus rituales. Aunque comprende su mirada mágica y cree en la efectividad de sus técnicas de sanación, dice que son un complemento de la medicina tradicional. Jamás una panacea.

El centro “Casa de la vida”, además, alberga a otros terapeutas que cultivan esta tradición como María Quieñelen, una Lawentuchefe (hierbatera) que se especializa en temas femeninos y partos naturales. También al químico farmacéutico Jaime Flores, que enriqueció su labor como terapeuta floral con esencias provenientes de especies arbóreas chilenas. Especialmente algunas como el copihue, el arrayán o la araucaria, recomendadas para el tratamiento de problemas emocionales y déficit atencional infantil.

Los fundamentos de la medicina mapuche definen cuatro tipos de hierbas curativas: weychafeke lawen (plantas fuertes), las füshku lawen (plantas suaves), reke lawen (variedades nativas de uso común pero difíciles de obtener) y las rukake lawen (de uso común). Todas pueden ser utilizadas en forma de cataplasmas o infusión. “Lo ideal es que el machi las recolecte en su hábitat natural y pida permiso para extraer un poco de sus beneficios”, explica Augusto Aillapán, uno de los machis más respetados en la actualidad.

Según la tradición mapuche, la enfermedad (Kuxan) es un ente vivo que debilita a las personas. Para ellos existen personajes con roles diferenciados para mantener este equilibrio, y restablecer la salud de las personas y el bienestar la comunidad. En el escalón más alto está la figura del machi: la única persona autorizada para establecer un puente directo con los espíritus creadores y los ngen (espíritus protectores). Por lo mismo, se le visualiza como un ser humano especial, que es escogido por estas divinidades para desempeñar su rol sanador. Luego vienen el lawentuchefe, que conoce las propiedades de las distintas hierbas; el ngütamchefe, que compone las fracturas y alteraciones de los huesos, y el püñeñelchefe, que dirige las labores de parto.

Aunque el rol de machis es relacionado como una tarea de mujeres, también hay hombres con ese rango, como Augusto Aillapan Paillafil. Tiene 60 años, nació en Puerto Saavedra pero creció en Santiago. Hoy vive en Pudahuel, donde atiende a un numeroso grupo de personas que lo buscan para sanar dolencias físicas o problemas emocionales. “La mayoría de las personas que llegan a mi consulta están afectadas por estrés o angustia, pero también llegan muchos con dolencias relacionadas con dolores de huesos o distintos tipos de cáncer”, comenta. Actualmente, dicta talleres sobre la cosmovisión de su pueblo en la Universidad de Santiago y comparte sus conocimientos sobre las distintas hierbas en un consultorio médico de Lo Prado.

Pese a los cuidados que el machi asegura se deben tener para la utilización de las hierbas, la cadena de farmacias Makelawen logró extraer sus componentes y adaptarlos al sistema de fitofarmacología tradicional, respetando los preceptos mapuches y los requerimientos de los servicios de salud. Precisamente el boom que por estos días tiene su botiquín se debe a las fórmulas que ofrece en sus seis locales repartidos en Santiago, Concepción y Valparaíso.

La idea de crear las farmacias Makelawen -remedio de maquis-, surgió bajo el alero del Hospital Makewe de Padre Las Casas, el primer centro asistencial del país que desde 1999 combina los conocimientos de una asociación mapuche con la medicina tradicional.

Luego de contar con la ayuda de machis y médicos alópatas, lograron desarrollar un catálogo de medicamentos que actualmente alcanza la cincuentena de variedades. Vienen dosificadas en gotas, están rotuladas con un número que identifica su utilidad y la dolencia para la que son recomendadas.

Cecilia Ramírez, una de las químico farmacéuticas más antiguas de la empresa y encargada del local de Providencia, comenta que entre los productos más requeridos están los que sirven para tratar problemas del sistema nervioso, para el colon irritable y las llamadas gotitas para bajar de peso, que se denominan pichichenlawen y tienen el número 32. Otro de los productos estrella es el palwen, unas gotas que son utilizadas como estimulante sexual capaz de solucionar los problemas de impotencia en el hombre y de frigidez en la mujer.

Sin embargo, a juicio de la profesional, el producto más destacado es el N° 12, creado a base de quintral, un parásito similar al muérdago que se incrusta en los árboles, pero que en el cuerpo humano sirve como encapsulador de tumores y fibromas. “La medicina mapuche no excluye a la alópata; es económica y efectiva. Nueve de cada diez pacientes quedan satisfechos, y si no es así, es porque la persona no tuvo la paciencia suficiente”.

Herbolario mapuche

KOLIU RAYEN (FLORES DE COLIHUE): Para molestias del síndrome premenstrual, bochornos y sofocos de la menopausia. Desórdenes hormonales de la mujer.

KURI DILLNGAU (ORTIGA NEGRA): Urticaria, alergias, eczemas, prurito general en la piel.

LELIANTU (YERBA DEL CLAVO): Hipertrofia de la próstata, prostatitis, impotencia.

LENGA (LENGA): Dolores en general, de cabeza y musculares, fiebre.

LIGLOLKIN (VALERIANA MAPUCHE): Insomnio, trastornos del sueño, sedante nervioso suave para el insomnio.

MAITÉN (MAITÉN): Afecciones de la piel, acné.

FROKIN (CADILLO): Caída del cabello, impide la calvicie.

IREIRE (MAYO): Gastritis, trastornos gástricos de origen hepático.

PIRKÚN (PIRCÚN): Exceso de apetito, ansiedad y deseos compulsivos por comer.

ÑILGUE (ÑILHUE): Jaquecas, dolores de cabeza agudos y crónicos.

PAKUL (PACUL): Hemorragias, problemas en la coagulación de la sangre.

PENGO (PEUMO): Protector hepático, desintoxica y protege el hígado, también se usa para el tratamiento del alcoholismo.

Fuente: latercera.com

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Acerca de Josep de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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