La Galicia del demonio

Aprovechando que el Papa –su enemigo natural– había levantado el vuelo hacia Roma, el demonio se echó ayer (23 de agosto, víspera de la festividad de San Bartolomé) a las calles de Pontevedra para aguijonear con su tridente los cándidos cuerpos de los pecadores. La Festa do Demo es una idea vagamente diabólica del consistorio pontevedrés, que la rescató del olvido hace diez años y no ha parado de obtener éxitos de crítica y público desde entonces.

Dicen en tierras del norte que, cuando llueve y hace sol el demonio anda suelto por Ferrol “con agullas e alfileres para picar no cú ás mulleres”, pero lo cierto es que la única ciudad gallega que tenía por costumbre honrar a Belcebú es la engañosamente recatada Pontevedra. Por razones que se ignoran, aunque se sospechan, los festejos luciferinos dejaron de celebrarse a mediados del pasado siglo: y tuvo que ser un gobierno nacionalista con olor a azufre el que desagraviase al incomprendido Satanás, propiciando su multitudinario regreso.

Nada más natural que esto ocurra en Galicia, país de suyo hospitalario donde al demonio se le trata en confianza y casi como si fuera de la familia. Con imparcial respeto a todas las jerarquías del Más Allá, los gallegos solemos decir que “Deus é bo… pero o demo non e malo” y hasta le dedicamos fiestas como la de ayer en Pontevedra. Nunca se sabe lo que nos deparará el futuro y conviene tener amigos incluso –o sobre todo– en el infierno: esa gran churrasquería subterránea en la que se asa la carne de pecador.

Si en Madrid le han erigido todo un monumento al Ángel Caído, aquí vamos aún más lejos en la cortesía al permitirle a Lucifer que salga una vez por año a la calle para hincar su tridente en las nalgas de las señoras y perpetrar todas las trasnadas y diabluras que se suponen propias del Maligno. No es de extrañar que incluso el conservador monarca Don Manuel contratase en su día a los Rolling Stones como atracción estelar del Xacobeo. El grupo de Mick Jagger pedía “compasión para el diablo” en una de sus canciones, lo que les valió el título de Sus Satánicas Majestades y, lógicamente, la cabeza de cartel en las fiestas gallegas del Apóstol. Dios es bueno, pero no por ello hay que hacer de menos al diablo, ya se sabe.

Al demonio le hemos puesto casa los gallegos en O Corpiño, un santuario próximo a Lalín donde el párroco no para de quitar diablos del cuerpo a los feligreses poseídos por Satanás. No quiere ello decir, desde luego, que nuestras relaciones con Belcebú sean exactamente cordiales. De hecho, Galicia es uno de los pocos lugares de la cristiandad que aún cuentan con un santuario especializado en combatir al demonio mediante el ritual del exorcismo. Varias decenas de endemoniados a los que el competente párroco de la ermita libera cada año de las incomodidades de Lucifer dan fe de que el demonio existe, aunque no resida necesariamente en el infierno.

Mucho más prácticos, los concejales de Pontevedra han optado por sacar al diablo a la calle en vez de sacarlo del cuerpo de los endemoniados a golpe de hisopo y exorcismo. A despecho de la mala reputación que le han edificado los clérigos, el demonio sigue teniendo un cierto aire traste y simpático, como bien demuestra la cálida acogida popular que los pontevedreses suelen darle en estos días de agosto.

Todo son ventajas. Un diablo al que se concede anualmente un día de asueto y fiesta para que haga diabluras a gusto ha de ser más compasivo –llegado el momento– con los que tan buen trato le dispensaron en este valle de lágrimas. Malo será que Satanás no les busque un lugar a la fresca en el establecimiento penitenciario que dirige si sus pecados los condenasen a residir en el infierno por los siglos de los siglos.

Decía Baudelaire que la mayor de las astucias del diablo consiste en hacernos creer que no existe, pero ya se ve que a los gallegos no hay demonio que los engañe. Que pregunten, si no, en Pontevedra.

Fuente: Anxel Vence, en El Faro de Vigo.

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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