Polémica identificación de Jehová (YHVH) con Satanás

En el evangelio apócrifo cátaro del Pseudo-Juan (que hemos reproducido en posts anteriores y que en líneas generales resulta de difícil comprensión), se atribuye al Diablo/ Satanás la creación de la tierra y hasta del propio cuerpo carnal del hombre, como está escrito en el capítulo tercero, cuarto versículo de dicho libro: “…ángeles caídos del firmamento pasan a los cuerpos de las mujeres, y reciben el cuerpo material, concupiscencia de la carne. Porque el espíritu nace del espíritu y la carne de la carne, y así es como se consuma el reinado de Satanás en este mundo y en todas las naciones”. En el mismo texto, capítulo tercero, versículo décimo quinto, se atribuyen al mismo Jesús estas palabras sobre su nacimiento de María: “Y descendiendo, entré en ella por el oído y por el oído salí”, lo cual para los gnósticos es una clara muestra del vital poder e importancia de la Palabra, soberana de la sabiduría.

La identificación de Jehová con el Diablo viene de antiguo. Ya los cátaros, en el siglo XIII, basándose en doctrinas más antiguas (como el gnosticismo o el maniqueísmo) lo sostenían.

El gnosticismo data del siglo primero de nuestra era. Según sus creencias, existían el Ser Supremo, el Verbo, y su corte celestial. Uno de sus ángeles o mejor dicho un demiurgo, Jehová, tuvo envidia y decidió crear su propia corte y creó al mundo y al hombre. Por eso el mundo es así: es la creación imperfecta de un ser imperfecto.

Pero entonces el Verbo, el Ser Supremo (Dios) vio  la obra de Jehová, y se apiadó de él, y lo tocó. Por eso los seres humanos tienen una chispa de conocimiento divino (gnosis).

Por envidia Jehová decide impedir que los seres humanos despierten a ese conocimiento divino y los ata a la materia, con la religión.

Entonces nuevamente Dios se apiada del hombre y envía a su criatura, a Jesús,  para ayudarlo a despertar; por eso el cristianismo debe romper con la religión judía y con la ‘Vieja Alianza’, es decir romper con Jehová.

Como es fácil imaginar, los jerarcas de los primeros siglos de la Iglesia reaccionaron violentamente contra estas ‘herejías’ de los gnósticos y maniqueos (y también muchos siglos más tarde contra las de los cátaros) y en cuanto tuvieron poder -religioso y político- suficiente,  se dedicaron a perseguir y exterminar a dichos ‘herejes’ y a todas sus obras.

Entre los escasos libros que se atribuyen a los cátaros, se encuentra “El Evangelio Cátaro del Pseudo-Juan”; un diálogo entre Jesús y el evangelista Juan acerca de algunos temas teológicos y, entre ellos, la cosmogonía en la que creyeron los cátaros.

La idea primordial de los maniqueos es que la Creación es obra de Satanás, que no es otro que YHVH, el Dios de los judíos. Y en esto los cátaros también asientan el aspecto esencial de su cosmogonía. Si para los maniqueos la creación se debe a YHVH, para los cátaros es una afirmación que admiten sustituyendo a YHVH por Satanás en cuanto a la designación, en el bien entendido que en apariencia se trata del mismo personaje, aunque no sea así.

Para los maniqueos ese Satanás es YHVH, ya lo dijimos. ¿Qué relación tiene esta afirmación con el dogma católico? Según el Génesis católico, En un principio creó Dios el cielo y la tierra. Si se tiene en cuenta que el Antiguo Testamento es una obra sagrada del judaísmo, habrá que comprobar si esto es así. Y resulta que en Bereshit, el libro sagrado judío del que los católicos tomaron sus palabras, lo que dice concretamente es que Bereshit barah Elohim et ha shamaim ve et ha aretz, de lo que resulta que quien creó los cielos y la tierra no es el Dios de los hebreos (el Innombrable o Gran Desconocido), sino un enviado por Él; esto es, los Elohim. Hay pues, una cierta verdad en la interpretación maniquea admitida por los cátaros en cuanto que no fue Dios mismo sino un Demiurgo el creador del Universo. Y ese Demiurgo es el ángel caído, que lleva a cabo su obra valiéndose de los ángeles que lo acompañaron en la caída. El error maniqueo consiste en que el Demiurgo no fue YHVH, un Eloha separado del grupo de los setenta y dos Elohim (plural de Eloha), sino que fueron los Elohim. Como quiera que fuere, YHVH o Elohim, atribuyen al Demiurgo creador la cualidad de Satanás. El vocablo Elohim, traducido al Génesis católico, lo han convertido caprichosamente en la palabra “Dios”, sembrando el error desde siempre y hasta hoy, en los creyentes católicos.

Al sustituir los cátaros la palabra Elohim de su cosmogonía por Satanás, han salvado el error maniqueo de atribuir la Creación a YHVH suponiendo que sea el Dios hebreo (que no lo es). Y no sólo se queda ahí la diferencia entre cátaros y maniqueos, porque si se lee con atención el Evangelio Cátaro se advertirá con toda claridad que el Satanás a que se hace referencia no es YHVH sino Lucifer, el ángel caído. De modo que para los cátaros, la maldad del mundo debe ser atribuida desde la Creación a Lucifer y su corte de ángeles caídos. Prueba de ellos es que el Capítulo II comienza Juan preguntando,  Señor, cuando Satanás cayó, ¿a dónde fue a morar? Y el Señor me contestó: Mi Padre lo desfiguró a causa de su orgullo, y le privó de su brillante luz y su rostro se tornó a modo de un hierro enrojecido al fuego… etc. (Cap. II, 1-2). Esa clara alusión a la luz del ángel caído da una idea clara de que se trata de Lucifer, que en todo momento los cátaros  llaman Satanás.

Más adelante este Evangelio explica la creación del hombre y la mujer en dos actos, al decir que: Reflexionando en su obra, pensó hacer al hombre a su imagen, y ordenó al ángel del tercer cielo, que penetrase en un cuerpo de barro (Cap. II-9). Quiere esto decir que el hombre no ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, sino de Satanás, según se verá más abajo, pues continúa: Y, tomando una parte de este cuerpo, construyó otro cuerpo en forma de mujer, y mandó al ángel del segundo cielo, que penetrase en el cuerpo de la mujer (II-10). Y los ángeles gemían al verse revestidos de una forma mortal y diferente de la que siempre habían tenido (II-11). Pero, él les mandó cumplir la obra carnal en sus cuerpos de barro, sin que ellos comprendiesen que cometían un pecado (II-12). Y el autor del mal pensó en construir un Paraíso, e introdujo en él al primer hombre (II-13). Se advierte cómo los cátaros entienden que la maldad penetra en los seres humanos; esto es, por la introducción de los ángeles corruptos dentro de sus cuerpos mortales.

Fuente: Información propia y fragmentos de un artículo de Carlos Vázquez Iruzubieta.

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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