La noche en que hasta lo imposible puede ocurrir

Una vez al año el maligno se pasea por Chile buscando a quien tentar. Al unísono, mujeres buscan marido e incautos buscan consuelo en la guitarra. ¿Sucederá realmente? Al menos, es lindo creer que sí. Y es que esta noche del 23 de junio, Víspera de San Juan, se conmemora esta tradición que aún subsiste en los campos chilenos, y que en las urbes ya se perdió bajo el desechable ritmo del asfalto.

La Noche de San Juan nos remite, al menos una vez en el año, a aquellas historias de fantasía a las que nuestros abuelos nos acostumbraron desde pequeños, esas leyendas mágicas relacionadas con el maligno, el florecimiento de la higuera, presencias fantasmagóricas y otros fenómenos sólo atribuibles a nuestra tierra.

Los inicios de esta fiesta popular se remontan al siglo XIX, en los pueblos y villorrios de Chiloé. Se usaba, por esos años, la costumbre de juntarse con vecinos y amigos a esperar la llamada “noche más larga del año” -la vigilia del 23 de junio-, en torno a una buena cena y realizando algunas pruebas, repletas de imaginería, que buscaban desafiar al destino.

Pronto la costumbre se replicó hacia el resto del país. La zona central y la zona norte abrazaron esta tradición, mezclándola con mitos propios, varios de ellos relacionados con la llegada del solsticio de invierno, algunos días antes.

Pero el mayor atractivo, sin duda, de esta fecha que poco a poco pierde importancia en las ciudades, está en las supersticiones que se ponen a prueba durante la medianoche y la madrugada. Ritos y pruebas que deben practicarse con mucha fe si se desea tener alguna respuesta.

Hay quienes se encaraman en una higuera a medianoche, buscando la ansiada flor oculta entre el follaje. La leyenda cuenta que este árbol florece solamente la noche de San Juan, y que quien logre dar con la flor logrará conseguir inesperada fortuna y felicidad amorosa de por vida.

Antes, claro, hay que superar el vértigo de subir a lo más alto y soportar la presencia de ruidos varios, espectros de horrible –y desconocido- origen, y hasta la presencia del mismísimo cachudo. Pero a punta de fe, dicen, se puede…

Asimismo, los negados para la música también pueden hallar premio esa mágica noche. La tradición indica que si una persona se coloca bajo una higuera con una guitarra en la mano, por desconocidos hechizos y artes inexplicados, lograría aprender los secretos más recónditos de la interpretación de las cuerdas. Aún no conozco a algún afortunado que lo haya conseguido, pero uno nunca sabe…

ESPEJOS, POROTOS Y PAPAS

También se dice que la vigilia de San Juan habría que evitar espejos y materias que pudieran reflejar. ¿La razón? El señor de las tinieblas aguardaría tras los espejos su oportunidad para aparecer ante incautos, dispuesto a ofrecer suculentos tratos a cambio del alma. Para algunos, claro, no sería mayor problema.

Para impacientes, aquellos que no pueden esperar a que el amor golpee su puerta, está la prueba de los porotos. Para saber quién será tu futuro cónyuge, fácil: se entierran tres porotos, a cada uno asignándole el nombre de un pretendiente. El más brotado indicará la identidad de quien te desposará. “Funciona” también con papelitos bajo la almohada.

Otras pruebas clásicas son las de beber agua en la madrugada -supuestamente “bendecida y purificada”- y practicar la adivinación del futuro mediante tres papas (pelada, a medio pelar y sin pelar) que se ponen bajo la cama y de las cuales se debe sacar una a medianoche: si está pelada tendrá problemas, si no lo está, le espera un brillante porvenir.

Aunque algunas tradiciones se han perdido con los años –como aquella de invitar a un desconocido a casa, recordada por Oreste Plath-, en los campos del norte y del sur, las leyendas siguen sucediéndose.

Tal vez el cachudo no se llevará a nadie. O tal vez sí. Tal vez alguna doncella conozca el nombre de su prometido o algún músico frustrado logre tocar mejor que Paco Peña. Nadie lo sabe. Pero lo cierto es que lo que ocurra esta noche sigue, siguió y seguirá despertando viejos temores, alguna añoranza perdida y la certeza de que aún hay tradiciones que no se han perdido del todo.

Fuente:  El Observador

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Más datos en los estupendos reportajes que encontrará el lector en:

Rituales del solsticio de verano

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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