Fin de año y supersticiones de brujas

brujasgoya

El primero de noviembre se celebró la festividad de Samhain, el inicio del año celta; fiesta que, como explicamos ampliamente en su momento, ha persistido en el mundo cristiano en la celebración de Todos los Santos y en el anglosajón en el Halloween. Para esas culturas paganas y posteriormente para quienes en nuestros días siguen celebrando cultos neopaganos como la Wicca, el Samhain representaba y representa el Año Nuevo. Fiesta que, como es de suponer, era y es ampliamente celebrada por brujos y brujas.

Otros dos momentos del año en los que las brujas dan rienda suelta a sus peculiares celebraciones son, cómo no, los coincidentes con los solsticios de verano e invierno, respectivamente. Si en el solsticio de junio (verano en el hemisferio norte) se celebra San Juan, en el solsticio de diciembre (invierno en el hemisferio norte), se celebra el regreso del Sol, en especial en las culturas romana y celta; a partir de esta fecha, los días empezaban a alargarse, y esto se asociaba a un triunfo del Sol sobre las tinieblas, que se celebraba encendiendo fuegos. Posteriormente, la Iglesia Católica decidió situar en una fecha cercana, el 25 de diciembre, la Natividad de Jesucristo, dándole el mismo carácter simbólico de renacer de la esperanza y la luz en el mundo y tratando así de solapar al mismo tiempo la festividad pagana previa. Cuando el cristianismo comienza a propagarse en Europa, asimila estas fiestas solsticiales a sus propios ritos y símbolos. De allí que se fija la fecha del nacimiento de Jesús en el Solsticio de Invierno (Hemisferio Norte).

Pero si bien las brujas bailan, festejan y hacen de las suyas por San Juan, también tienen su ‘corazoncito’ y respetan las fechas navideñas y las del nacimiento de Cristo, porque para hacer fiesta grande tienen otra fecha clave en el calendario: se trata, por supuesto, de la festividad de San Silvestre, el último día del año, un día muy poderoso en todos los sentidos para toda clase de hechizos y rituales mágicos.

No sabemos si fue coincidencia o no, pero la Iglesia Católica colocó en el santoral a este Papa que bautizó al emperador Constantino en la fecha en que se conmemora su fallecimiento, el 31 de diciembre. De ahí a que la superstición popular pasara a considerar a dicho santo como un protector (en especial de casas y viviendas) contra las brujas y los encantamientos, no hay más que un paso. Aunque a las brujas y hechiceras tal cosa no parecía importarles demasiado.

En la celebración de la noche de San Silvestre nosotros queremos también recordar aquí, siquiera brevemente, algunas de las muchas supersticiones y fórmulas ahuyentadoras contra esos ‘diabólicos seres’ que en tal noche como hoy, fin de año, campan a sus anchas por doquier.  Una de tales recitaciones es ésta:  “Cuatro esquinas tiene mi casa,/cuatro apóstoles me la guardan:/Pedro, Juan, Santiago y Mateo,/y mi Señor Jesucristo en medio,/ que me dice: duerme y reposa/que yo te libraré de brujas y malas cosas”.

Pero entre estas fórmulas ahuyentadoras de brujas, quizá debido a su mayor incidencia en los países de habla hispana, sobresale la de San Silvestre, la cual fue y sigue siendo la más importante dentro de la superchería popular: “San Silvestre Montemayor,/cuida la casa alrededor, /de la bruja hechicera/y del hombre malhechor”.

También es costumbre el quemar diversas hierbas y otras sustancias a  modo de inciensos o sahumerios, al tiempo que se recita:  “Que se vaya el mal/que venga el bien,/así como Jesús/nació en Belén”.

brujas11Una de las cosas más curiosas de la noche de San Silvestre es el baile de brujas que se produce durante los aquelarres, como describe el escritor  canario Sebastián Jiménez Sánchez: “Las brujas con sus orgías y aquelarres en sus danzas nocturnas, llevadas a cabo en llanuras y praderas en los claros de luna dejando entrever su cuerpo flaco y encorvado, su nariz larga y puntiaguda y sus manos sarmentosas, cabalgando la diabólica escoba o danzando al son de panderos y guitarras”.

En el aquelarre, y según la creencia popular, las brujas untan sus cuerpos con un ungüento mágico, para luego bailar desnudas alrededor de la hoguera. Si aceptamos lo que dice Carlos Llorca Baus, como es el hecho de que “las brujas son los últimos reductos de las costumbres matriarcales”, el baile se podría interpretar como una danza de liberación, originada por la represión a que se ven sometidas unas mujeres inmersas en una sociedad patriarcal.

A diferencia de otras costumbres o rituales brujeriles existentes en distintos lugares del mundo, en las españolas Islas Canarias se produjo una tradición bien curiosa, y no es otra que la del baile de las brujas en las calles de pueblos y ciudades, durante esta noche de San Silvestre.  Dichos bailes se realizaban siempre cerca de la casa de la persona a quien iba dirigida la danza, en la que intervenían tres brujas. La finalidad de este baile era para lograr el maleficio de la persona que habitaba la casa cerca de la que se bailaba o, por el contrario, para producir la cura del enfermo que allí vivía. Las brujas danzantes se acompañaban con la música de panderillos o de castañuelas, sosteniendo a veces en sus manos velitas encendidas y siendo frecuente que bailasen desnudas.

En la cultura popular ha quedado esta muestra de la recitación de un baile de brujas, denominada ‘el rosario de mi comadre’ y que, como se ve claramente, indica un marcado espíritu antirreligioso:  “¡Ah comadre! ¿Vamos a misa?/No tengo camisa./¿Vamos al sermón?/No tengo camisón./ Présteme su rosario./No tiene cruz./¡Ay, Jesús! ¡Ay, Jesús!/que el rosario de mi comadre/no tiene cruz”.

En la noche de San Silvestre, las brujas también acuden a los montes en busca de plantas mágicas, como es el caso de la artemisa, que se emplea para ser amado por todos. Es tan importante para la mujer que de ahí quizá venga la siguiente copla popular: “Si las mujeres supieran/la virtud de la artemisa,/siempre la llevarían/prendida de la camisa”. También utilizan el beleño, para untarse el cuerpo y sentir que vuelan, ya que esta planta produce una sensación de ligereza.

Con respecto al pasado, y sin abandonar estos ejemplos que proceden de las Islas Canarias, hubo brujas que dieron mucho trabajo a la hora de las capturas a la Santa Inquisición, como fue el caso de Delfina Zerpa, bruja de la ciudad de La Laguna, que fue perseguida desde joven y emparedada ya anciana. Decía que el diablo tenía más poder que Dios y cantaba: “El ombligo es un retablo/donde se debe poner/al arcángel San Miguel/porque debajo está el diablo”.

En otros lugares de España no se habla de brujas, sino de meigas. La palabra meiga  viene del latín magicus y se utiliza en Galicia y en otras provincias del Norte peninsular, como León y Asturias, con el significado de “persona de poderes extraordinarios o mágicos y que puede pactar con el diablo”. El meigallo es el hechizo; para librarse de él, en tal noche como la de hoy se pronuncia esta sentencia, o “desconjuro”: “¡San Silvestre! ”

Asimismo, según la amplia y extendida superstición popular, las meigas podían transmitir la rabia con un solo mordisco de su boca desdentada, y tenían el poder de dañar únicamente con su mirada tanto a personas como a animales, era lo que se conocía como “mal de ojo”. Su actividad es mucho más intensa en las noches de San Juan y San Silvestre. En ésta última, al sonar las doce campanadas del cambio de año, suele arrojarse un cubo de agua por la puerta, al grito de “¡San Silvestre, meigas fora!”, lo que asegura un año libre de “meigallos”.

La Inquisición persiguió durante mucho tiempo a las meigas o brujas, no sólo en España, sino también en casi toda Europa. En los interrogatorios, se utilizaban terribles torturas para obtener una confesión satisfactoria de las infelices acusadas, que la mayoría de las veces acababan con sus huesos en la hoguera. Una página terrible y oscura de nuestra historia que sin duda, esas mujeres sencillas pero a la vez sabias y conocedoras de los secretos de la medicina natural, no merecieron nunca haber protagonizado.

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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