El solsticio de junio

intiraymi01Los incas celebran el Inti Raymi (fiesta del sol) en Sacsahuamán

El 21 de junio tiene lugar el solsticio de verano en el hemisferio norte y el de invierno en el hemisferio sur. La palabra solsticio viene del latín ‘solstitium’ (de Sol y ‘statum’) que significa “el Sol quieto”. De hecho, durante los días 19, 20, 21 y 22 prácticamente la duración del día es la misma. El solsticio se produce cuando el Sol alcanza su mayor altura respecto al ecuador celeste. En las regiones superiores al círculo polar ártico, se produce el fenómeno del Sol de medianoche. ( Por cierto, el 21 de junio es la fiesta nacional de Groenlandia).

Esta fecha ha sido elegida tradicionalmente por numerosas culturas para la celebración del comienzo del verano y con una gran carga simbólica. Así el cristianismo celebra la noche de San Juan  poco después, el 24 de junio. Esa misma fecha es usada en el hemisferio sur para la celebración del Inti-Rami o fiesta del Sol por parte de los incas, en lo que en esa zona del mundo es el solsticio de invierno. El pueblo mapuche, por su parte, celebra el We Tripantu, o Año Nuevo. (Véanse los artículos específicos dedicados a dicha celebración, en la subcategoría ‘Cultura mapuche’).

El solsticio de verano, en las diferentes culturas a lo largo de la historia, ha tenido un significado bastante diferente del solsticio de invierno. El segundo es una fiesta de recogimiento y meditación, no en vano la mayoría de las tumbas y templos antiguos están orientados hacia la salida del Sol en el Solsticio de Invierno. Sin embargo, es muy difícil encontrar monumentos orientados según la salida del Sol en el solsticio de verano.

Por el contrario, la Luna Llena más cercana al solsticio es la más baja del año y es mucho más fácil observar la ilusión lunar. El solsticio de verano es el día más largo del año (en el hemisferio norte). Al mediodía el sol alcanza el punto más alto del cielo durante el año. En los solsticios, el sol cae verticalmente sobre el trópico de Cáncer.

En el hemisferio norte el solsticio de verano no es un día como los demás. Toda la naturaleza se prepara para celebrar una fiesta, cargada de gran poder y magia. Distintas deidades de la naturaleza se manifiestan en los campos; los agricultores dan gracias por las cosechas. También es el momento justo para pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además se deben comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno. La celebración del solsticio de verano es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del verano, para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.

Posteriormente, la gente comenzaría a encender fogatas en las cimas de las montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas. Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos. Se bailaba y saltaba alrededor del fuego, para purificarse y protegerse de influencias demoníacas…

sanjoan09-1Baile junto al fuego en Sant Joan (Ilustración V. Bofill)

Fuego en homenaje al Sol

La fiesta de San Juan se ha asociado al solsticio de verano, pero esto únicamente  es cierto para la mitad del mundo o, mejor dicho, para los habitantes que viven por encima del ecuador (en el hemisferio norte); ya que para los del sur el solsticio es el de invierno y ni tan siquiera para todos ellos, pues la fiesta de San Juan es patrimonio del mundo cristiano. Pero sea donde fuere, todas estas fiestas conservan la misma esencia: rendir un homenaje al Sol, que en ese día tiene un especial protagonismo: en el hemisferio norte es el día más largo y, por consiguiente, el poder de las tinieblas tiene su reinado más corto; y en el hemisferio sur ocurre todo lo contrario. En cualquier caso, al Sol se le ayuda para que no decrezca y mantenga todo su vigor.

Este simbolismo era compartido por pueblos distantes, separados por el océano Atlántico. Es el caso, por ejemplo, de los  antiguos incas en Perú. Los dos festivales primordiales del mundo incaico eran el Capac-Raymi (o Año Nuevo) que tenía lugar en diciembre y el que se celebraba cada 24 de junio, el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) en la impresionante explanada de Sacsahuamán, muy cerca de Cuzco. Justo en el momento de la salida del astro rey, el rey inca elevaba los brazos y exclamaba: “¡Oh, mi Sol! ¡Oh, mi Sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca. ¡Oh, mi Sol!” Este gran festival se sigue practicando y representando hoy en día para conmemorar la llegada del solsticio de invierno, con un claro tinte turístico. Los habitantes de la zona se engalanan con sus mejores prendas al estilo de sus antepasados quechuas y recrean el rito inca tal y como se realizaba (más o menos) durante el apogeo del Tahuantinsuyo.

Orígenes paganos

Esta fiesta solsticial es muy anterior a la religión católica o mahometana. Uno de los antecedentes de esta festividad es la celebración celta del Beltaine, que se realizaba el primero de mayo. El nombre significaba “fuego de Bel” o “bello fuego” y era un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras, que eran coronadas por los más arriesgados con largas pértigas. Después los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades. A la vez, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero y no dudaban en sacrificar algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas.

Otra de las raíces de tan singular noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a la hierbas recogidas en aquellos días. Un ejemplo es el de la hierba verbena, cuyo nombre con el tiempo ha pasado a ser sinónimo de fiesta y/o celebración.

En los antiguos mitos griegos, a los solsticios se les llamaba “puertas”. Y en cierta forma había una razón para tal creencia.  La “puerta de los hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22 de junio) a diferencia de “la puerta de los dioses” del solsticio de invierno (del 21 al 22 de diciembre).

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Noche de magia y encantamientos

En algunas leyendas piadosas, hasta los santos aprovechan la víspera de este día para trasladarse milagrosamente a otra parte. En nuestro mundo terrenal, encontramos muchos casos de desapariciones bastante enigmáticas, ya que es creencia común que en tal noche se abren las puertas interdimensionales, así comotienen lugar toda clase de encantamientos.

Esta es una fecha en la que numerosas tradiciones  coinciden en afirmar que se abren de par en par las invisibles puertas del “otro lado del espejo”:  se permite el acceso a grutas, castillos y palacios encantados; se liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras, las princesas y las infantas cautivas merced a un embrujo, ensalmo o maldición; braman los cuélebres (dragones) y vuelan los “caballucos del diablo”; salen a dar un vespertino paseo a la luz de la Luna seres femeninos misteriosos en torno a sus infranqueables moradas; afloran enjambres de raros espíritus duendiles amparados en la oscuridad de la noche y en los matorrales; las gallinas y los polluelos de oro, haciendo ostentación de su áureo plumaje, tientan a algún que otro incauto codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas sueñan y adivinan quién será el galán que las despose; las plantas venenosas pierden su dañina propiedad y, en cambio, las salutíferas centuplican sus virtudes (es buen día para recolectar plantas medicinales en el campo); los tesoros se remueven en las entrañas de la Tierra y las losas que los ocultan dejan al descubierto parte del mismo para que algún pobre mortal deje de ser, al menos, pobre;  el rocío cura ciento y una enfermedades y además hace más hermoso y joven a quien se embadurne todo el cuerpo; los helechos florecen al dar las doce campanadas…

Esta noche se abre la puerta que nos introduce al conocimiento del futuro y a las dimensiones mágicas de la realidad. Es la noche en que los entierros arden, el Diablo anda suelto y los campos son bendecidos por el Bautista. La noche anterior dos han sido los eventos más importantes: el baile del fuego y las pruebas… La noche y el amanecer están dedicado a San Juan en un esfuerzo por cristianizar las numerosas fuerzas que se manifiestan en esta mágica jornada, en la que todas las sociedades tradicionales de Europa ponen en marcha numerosos rituales de antiguo origen y profunda funcionalidad cultural. La fiesta no es específica de localidades concretas, sino que se extiende por toda Europa con diversas variantes. La Noche de San Juan, la de las tradiciones mágicas, se caracteriza por la multitud de hogueras que iluminan la noche. Los ciudadanos arrojan a la hoguera antes de su encendido pequeños objetos, conjuros, deseos e incluso apuntes del curso, con el objetivo de hacer desaparecer los malos espíritus.

¿Por qué San Juan Bautista?

San Lucas narra en su Evangelio que María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo (el 24 de diciembre celebramos el nacimiento de Jesús).

En el Evangelio de San Lucas se cuenta que su padre, el sacerdote Zacarías, había perdido la voz por dudar de su mujer, Isabel, estuviera en cinta. Sin embargo en el momento de nacer San Juan, la recuperó milagrosamente, como se lo había predicho el ángel Gabriel. Rebosante de alegría, la tradición religiosa dice que encendió hogueras para anunciar a parientes y amigos la noticia. Cuando siglos después se cristianizó esta fiesta, la noche del 23  al 24 de junio se convirtió en una noche santa y sagrada, sin abandonar por eso su aura mágica. Cuando el portavoz de la Redención nació, y Zacarías escribió en una tablilla: “Su nombre es Juan”, el sacerdote recuperó inmediatamente el habla y entonó el hermoso himno de amor y agradecimiento conocido como “Benedictus”.

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MÁS INFO:
En estas webs y artículos de blog encontraréis mucha y buena información sobre los rituales del solsticio de verano (invierno en Sudamérica), del culto al fuego y a la Naturaleza y de la festividad de la Noche de San Juan:

Fuego y demonios en la Noche de San Juan

El triunfo de la luz

El día más largo, la noche más mágica

Noche de sortilegios

Costumbres chilenas de la Noche de San Juan

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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