Leyendas de entierros en Chile

Introducción

El territorio chileno, una larga y angosta faja de tierra emplazada en el extremo suroeste de Latinoamérica, está bañado de norte a sur en su interminable costa por el Océano Pacífico y, por el otro lado, en el oeste se alza como barrera infranqueable la majestuosa Cordillera de los Andes. Pero la constitución y el largo espacio que conforma nuestro país no son las únicas características que hacen peculiar su geografía, sino que también han influido en la formación de una idiosincrasia muy heterogénea, lo disímil del territorio, del clima y de las necesidades propias de un pueblo que tempranamente se conformó como una sociedad agro-ganadera y pescadora, y -que al correr de los años- se consolidó como un país exportador de materias primas. El paisaje se introduce en los ojos del viajero, desde el norte con el desierto más seco del mundo y con toda la riqueza cultural del altiplano andino; y en el sur con un conjunto casi infinito de islas que hacen que el continente se vaya segmentando en forma lenta, pero definitiva.

La rica tradición folclórica chilena -en una primera división metodológica- podremos segmentarla, a grosso modo, en tres zonas culturales muy diversas: La “zona norte” donde la fusión entre los pueblos autóctonos del altiplano, más el sustrato ibérico dieron un giro muy especial a la poética folclórica. Funde así la tradición vernácula de los grupos andinos tales como aymaras, atacameños e incas con los aportes hispanos. La “zona central” posee una amplia tradición oral, que conserva muchos rasgos del pueblo español en su entramado de motivos. Por un lado, dan cuenta del quehacer propio del campesino chileno, y por otro, mantienen y conservan muchas características de un sustrato hispánico. Por último -y no menos importante- la “zona sur” del territorio dividida en dos focos culturales: la zona centro sur que tiene una impronta mapuche muy fuerte. Tradición cultural poblada de seres mitológicos, de brujos y de brujas, que dan pauta para la vida social, incluso el cómo -en tiempos de los antiguos- los diferentes linajes ocupaban el espacio, es decir, el habitar del mapuche estaba marcado por las grandes distancias a fin de evitar el mal de ojo o el hechizo que pudiera hacer la machi del grupo vecino. La fuerte presencia de la tradición de la mitología mapuche, que a pesar de corresponder a un grupo pre – agrícola se presenta en extremo compleja y con una pervivencia que podemos palpar en la cotidianidad del mapuche actual. De hecho, “guillatunes y machitunes” (celebraciones religiosas) se siguen realizando hasta nuestros días. Y la otra vertiente es la Isla Grande de Chiloé, que se articula como una realidad aparte, puesto que la vertiente indígena está aportada por los huilliches, que tempranamente se aliaron con el conquistador español, incluso en contra de los otros grupos indígenas, tales como los mapuches, tuvieron contacto con poblaciones holandesas en la época de los corsarios.

Dar cuenta de una geografía religiosa popular en nuestro país, tan disímil como la geografía física, es una puerta que nos obliga a adentrarnos en nuestra identidad como país caracterizado por un gran fervor popular de marcado carácter sincrético.

Literatura popular de la “zona central”
Es en la zona central de Chile donde los relatos y ficciones campesinos han ocupado un lugar de preferencia en los estudios folclóricos nacionales. Su alto grado de difusión en los medios rurales, la diversidad de temas y la multiplicidad de variantes de un mismo motivo literario hace que constituyan un género de primera importancia en la literatura popular. Aunque se ha logrado establecer la procedencia europea de un gran número de relatos, éstos han sufrido reinterpretaciones y adaptaciones que los convierten en un elemento vivo de la cultura popular tradicional latinoamericana y chilena.

En el cuento folclórico chileno se encuentran temas de diversa índole: los cuentos maravillosos; de adivinanzas, que plantean interrogantes que el protagonista debe resolver para llevar a cabo su cometido; los cuentos de fórmula, que se articulan a partir de una determinada estructura narrativa que se repite constantemente, como sucede con los cuentos de nunca acabar; los cuentos maravillosos; los cuentos de consejos y los cuentos picarescos, entre los cuales el personaje de Pedro Urdemales, herencia española, tiene una amplia difusión. Es tan fuerte la apropiación de este personaje popular, que a muchos de los entrevistados para este artículo, Pedro Urdemales le parece un personaje exclusivo chileno, que “representa al ‘huaso pillo’, típico de Chile”. Es interesante observar cómo un personaje de cuento popular puede arraigarse tanto en la mentalidad popular de un pueblo, que incluso logre perder totalmente su origen para la gente. La narración de mitos y leyendas, así como de fórmulas mágicas y religiosas, tiene gran importancia en la literatura popular. El imaginario popular se abre de esta manera a un mundo más amplio que circunda la actividad de los hombres, estableciendo lazos con éste y estimulando una percepción más viva de los fenómenos naturales. Es así como existen mitos y supersticiones que aluden a un universo invisible para los ojos profanos pero de gran poder sobre la vida de los humanos.

“Leyendas de entierro”
Centremos nuestro objeto de estudio bajo la nomenclatura popular que usan hasta ahora las personas que conservan estos relatos en la tradición popular chilena: “Cuentos de entierros”. Antes, eso sí, hacemos nuestras las palabras de Clifford Geertz respecto de las definiciones: Aunque es notorio que las definiciones no establecen nada en sí mismas, si se las elabora cuidadosamente, suministran una útil orientación o reorientación de manera tal que un minucioso análisis de ellas puede ser una manera efectiva de desarrollar y controlar una nueva línea de indagación. Las definiciones tienen la útil virtud de ser explícitas; se formulan en una forma de prosa discursiva que no cae en el peligro, tan frecuente en este
campo, de sustituir el argumento por la retórica.

Definamos como punto de partida para nuestro trabajo los “cuentos de entierros” como leyendas (siempre de un cariz local, pues no busca contar lo acontecido en lugares lejanos o legendarios, ni tampoco se remonta a tiempos míticos sino que se ubica en un tiempo pasado pero de alguna forma cercano) que dan cuenta de un fantástico tesoro oculto que posee algún cariz mágico y de cierto valor implícito en su historia como, desde luego, en su valor económico. Dicho tesoro siempre está enterrado en algún lugar que no deja de ser insólito, casi siempre en dos tipos de localizaciones: por un lado tenemos los que están
dentro de un edificio -tanto en paredes como en el suelo- y por otro, los que están ubicados en algún lugar geográfico peculiar, llamativo, y de difícil acceso -quebradas, cuevas, rocas, lagos, entre otros-. Siempre la riqueza es cuidada por algún espíritu protector que impide que los buscadores de tesoros puedan poseerlo.

La leyenda que presento a continuación ha sido recopilada en la comuna de Colchagüa en la VI región de Chile. En la aún pequeña ciudad de Santa Cruz se mantiene con fuerza una vida más bien de corte rural, que posibilita la conservación más o menos intacta de su literatura oral.

En el Tambo la familia Millacary Gatica [es] descendiente del último cacique de la resistencia del Tambo. Se contaba que este cacique enterró entre dos muros muy gruesos una ojota de oro que le había dejado su abuelo. Muchas personas han tratado de buscarlo, [pero] durante las noches salen unos perros negros que no dejan acercarse.

El texto anterior posee todas las características propias de una leyenda de entierros. Veamos cuáles son: Una persona de cierta importancia (el último jefe militar de los mapuches de la resistencia del Tambo) esconde un tesoro fabuloso que ocultamente poseía. Dicho tesoro escondido (una ojota de oro que está enterrada entre muros gruesos que imposibilitan su extracción) concentra el interés central del relato. Por último, un guardián mágico le protege: los ya tan típicos perros negros del imaginario chileno, imagen tantas veces asociada al demonio. Veamos otro texto:

Los últimos jesuitas que vivieron en Colchagua eran dueños de la hacienda de Yaquil, cuando los expulsaron del país no sabían qué hacer con la fortuna que habían adquirido durante estos años. Dice la gente que lo enterraron en un cerro llamado Nenquén, colocaron arriba de él una roca con forma plana en su superficie, la llamaron La Mesa, hasta el día de hoy nadie ha podido sacarlo por el peso de la roca, además algunas personas han dicho que se veía una señora vieja, delgada y alta que cuida el entierro.

Nuevamente encontramos los rasgos distintivos de la leyenda de entierros: un personaje colectivo (los jesuitas, sin agregar nada más a su descripción) con cierto rango social y comunitario, la presencia como eje central de un tesoro enterrado en un lugar “insólito” y un espíritu que juega el papel de un guardián de la fortuna. Destaquemos en este texto, que no se explicita el monto de la fortuna, pero con la sola mención de los padres jesuitas se cumplen el papel de mostrar sin decir, o sea, está implícito el poder económico que la iglesia muestra a la comunidad, por ende ya con solo la mención se intuye la
fastuosidad del “entierro”. Recordemos que tal vez es la iglesia la que presenta la mayor gala de opulencia, incluso más que los primeros estamentos estatales, en los países de Latinoamérica colonial y en su primera etapa republicana.

Tampoco es posible dejar de mencionar “La Mesa” como el relato denomina al lugar de entierro del tesoro. Básicamente vuelve al lugar más clásico para esconder un tesoro legendario: la tierra. Pero no es en cualquier sitio, sino que en uno muy particular, uno inamovible, una roca lisa que asemeja una forma tan cotidiana para el hombre del campo, como una mesa. Innecesario resulta -al parecer- para el narrador, decir como fue que los jesuitas movieron dicha piedra para colocar el tesoro, pues pese a que su peso es tal que “nadie ha podido sacarlo” se subentiende que la industria e inteligencia que los jesuitas poseen les permitiría hacer ese tipo de prodigios.

La estructura básicamente de toda leyenda de entierros posee -como ya hemos mostrado- los mismos elementos constitutivos ordenados incluso de maneras iguales. Los relatos orales siempre se visten de diferentes elementos que atrapen la atención del receptor del texto y que usualmente tiene que ver con la realidad que circunda a la comunidad a la que está dirigida el relato. ¿Qué visión entregaban para el alma comunitaria chilena este grupo de sacerdotes?

Veamos un grupo de relatos que dan cuenta de las diversas formas que pueden adquirir las leyendas de entierro:

Un señor llamado Antonio cruzaba los cerros de Vichuquén con sus dos mulas cargadas con sacos de sal. Durante el viaje se encontró con un caballero que le ofreció un tesoro, pero tenía que tener cuidado con el Culebrón. Al escuchar esta historia no se animó, él otro viejo insistió que no debía preocuparse porque el Culebrón era solo un cordón trenzado, pero que no debía dañarlo. Antonio lo pensó, pero no se atrevió porque les tenía mucho miedo a las serpientes. Al llegar a la casa le contó todo a su hermana, que no fue
capaz de botar los sacos de sal para ir a buscar el tesoro y su hermana lo retó, por ser cobarde y perder el tesoro.

Tránsito Valenzuela contaba que cuando trabajaba de guardia en Calama, se encontró con un caballero que le contó que en Paredones, en una quebrada que se llamaba Las Cruces, abajo de una roca había un entierro muy grande donde a las doce aparecía una vela al acercarse se encontraban con un zorro, no deja sacar el entierro.

Dicen los más antiguos habitantes de La Lajuela que Don Pancracio fue un hombre muy rico que llegó a La Lajuela desde Curicó, era un hombre muy tacaño y cuando se casó y tuvo hijos, les mezquinaba hasta el agua… Cuando se acercó el momento de su muerte quiso ponerse en la buena con Tatita Dios y se arrepintió de su maldad, entonces les dijo a sus hijos dónde tenía un entierro de monedas de plata. Sus hijos lo buscaron, pero jamás lo encontraron… Y por eso los cerros de La Lajuela brillan siempre en noches de luna. Cuenta la tradición que muchas veces se siente como el tacaño Pancracio anda con una pala y un chuzo arañando las rocas en busca del tesoro que desea entregárselo a sus descendientes… Mientras esto no ocurra, él andará como alma en pena y no podrá salir del purgatorio.

En Lolol, cuenta la tradición que se escondió uno de los tesoros de la banda de Los Pincheira… Este tesoro estaba compuesto por joyas que estos forajidos robaban en las casas de los ricos hacendados de la zona, pues bien… A la entrada de la comuna hay un gran promontorio de rocas donde actualmente hay una pequeña ermita dedicada a la Virgen María, bajo estas rocas se escondería el tesoro, pero nadie se ha atrevido a profanar este lugar sagrado, porque dicen que los Pincheira mataron a los portadores del
tesoro y allí mismo los enterraron, para que nadie supiera donde lo habían escondido. En noches de tormenta se escucha el lamento de los hombres que murieron sin poder arrepentirse de sus pecados y faltas.

Se cuenta que buscando refugio para eludir una tormenta de nieve, llegó hasta la orilla del lago de los cristales en la cordillera de San Fernado, un arriero y su tropilla de mulas. A este amparo se durmió, mientras las aguas del lago excedieron su nivel, arrastrándolo hacia su fondo, conjuntamente con las mulas, que portaban una carga de oro. Narran que ciertas tardes de sol se ven en el fondo el arriero y sus animales, y hasta se siente el sonar del cencerro de la mula madrina. Otros aseguran que las mulas salen de la laguna y, arriadas por el hombre, toman una huella que no lleva a parte alguna.

Un personaje interesante en las leyendas de entierro son los “espíritus guardianes” que pueden ser antropomórficos (viejas, señoras, damas, casi siempre de negro o en un extraño semblante) o zoomórficos (perros negros o cabras) que son un nuevo tipo de “genio protector”, que puede hacer las veces de ayudante o de expulsor de los tesoros. Curiosa es la presencia siempre constante estos diversos espíritus guardianes que acompañan a los tesoros legendarios en todas las tradiciones culturales. Desde las ya casi
míticas maldiciones de las momias en las tumbas egipcias, a las más modesta apariciones en las leyendas de entierros. Al parecer es un tópico común la de alguna fuerza mágica que defienda las fortunas de los buscadores de tesoros. Seguramente -desde mi perspectiva- este motivo da cuenta de un mecanismo explicativo del porqué no se logra desenterrar el “tesoro” para ser compartido y aprovechado por la comunidad y cómo, además, el alma popular de la comunidad cubre de misticismo social un hecho que está fuera de la cotidianidad inmediata de las personas.

Conclusiones
Las leyendas de entierro de un tesoro, en alguna medida tienen puntos en común con el motivo de “el tesoro fatal”. El profesor Pedrosa distingue claramente dos tópicos de tesoros: el “soñado” y el “fatal”; en el primero entre los buscadores hay colaboración en su proyecto de búsqueda y disfrute por igual en las ganancias, en cambio en el segundo hay una actitud individualista de los participantes del proyecto de búsqueda del tesoro, lo que causa que todos mueran por diversas razones, evidentemente siempre impulsado por la codicia y el egoísmo.

Nosotros creemos que las leyendas de entierros no se ajustan claramente a ninguno de los dos relatos, pues se parte de la premisa que el entierro para que posea su carga emocional y fuerza literaria no ha sido ni será nunca descubierto, y por ende, no hay un rasgo de disfrute o de castigo por la actitud de los buscadores. Empero lo anterior, si podemos observar que los entierros puede presentar elementos que inviten a creer al lector que por el ambiente de misterio y maldición que reina sobre la riqueza presentada,
podríamos tener un desenlace fatal, pero eso no presenta una clara relación con la actitud del buscador, es más bien una fuerza que depende directamente del que entierra dicho tesoro. Podemos además ya corroborar la definición con que se partió el análisis de este tipo de texto, pues las leyendas de entierros, en el grupo examinado responden a las premisas que teníamos de trabajo.

Para finalizar mencionemos lo interesante que resulta siempre el motivo del tesoro escondido en la tierra. Es al parecer que la Pacha Mama o Madre Tierra ha sido y es fuente de riqueza para el hombre, que a través de un trabajo puede encontrar la forma de obtenerla. Más aún en Latinoamérica esta idea cobra importancia, sobre todo en la zona chilena de Colchagüa, pues dentro una comunidad donde, en alguna u otra medida, son mayoritariamente dependientes de la agricultura, la mitificación de los recursos de la tierra siempre será símbolo de los frutos inagotables que se pueden obtener de ella. No deja incluso de ser lógico que los “entierros” nunca sean encontrados, para que así no se agote la esperanza de poder aumentar el bienestar comunitario con el encuentro de estos fabulosos tesoros.

(Autor: Claudio Yáñez Valenzuela. Título original: “Un acercamiento a las leyendas de entierros en la zona central de Chile”. Publicado originalmente en la revista ‘Culturas Populares’).

Para más información, consultar la web:

EL COPIHUE ROJO – El Chile misterioso y desconocido

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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10 respuestas a Leyendas de entierros en Chile

  1. francisco dijo:

    me gustaria contarles una historia que me conto mi abuela hace mucho tiempo cuando estaba enfermo… mi tatarabuelo (segun mis calculos) estaba en una fiesta en el campo con su familia y la familia de su novia de ese entonses, cuento corto, ya de madrugada en unos arboles aparece una llama tan potente como el mismo sol, la llama ascendia de la tierra como si estuviese subiendo en un ascensor, toda la gente que estaba en la fiesta se acerco a ver el entierro, segun mi abuela, el viejito les decia que tenia de todas las cosas brillantes jamas vistas por el. el viejo recordaba, segun mi abuela, que nadie se atrevia a meter las manos en el tesoro que se les aparecio en frente de sus ojos, pero el, armado de arto valor, estiro su mano para coger el tesoro… hasta que aparecio su novia y dijo “valgame DIOS, que tesoro tan grande”, al terminar la frase el tesoro volvio a la tierra y nunca mas se volvio a ver, pero el rastro quedo ya que el arbol se rasgo pero no murio, y ademas, nunca mas cresio pasto en el lugar donde se abrio la tierra. luego de lo ocurrido, mi tatarabuelo dejo a su novia porque por culpa de ella no pudo ser rico.
    sera verdad o no, no lo se, lo que si esque enrriquese mas la cultura chilena y el flocklore de esta.

  2. RODRIGO dijo:

    Estimados, felicitaciones por sus historias un poco de ilusión y fantasía no nos hace mal de hecho actualmente he salido muchas veces siguiendo datos en busca de estos pero que importa si uno no los encuentra lo que mas se valora es lo que uno disfruta de la naturaleza se distrae descarga tensiones es un legado de nuestros antepasados el cual debemos dejarle a nuestros hijos para que se siga manteniendo la tradición. Saludos a los que expusieron sus historias y felicitaciones.. están buenísimas.
    Si me va bien en alguna excursión no duden que contare la travesía completa. Atte. una persona que vive la realidad y que tambien disfruta de la fantasia.

  3. Jorge dijo:

    Hola, hoy justamente hablabamos con la abuela de mi esposa sobre este tema y ella nos conto una historia, que me parece que debo contarselas. Ella dice que cierto día cuando era pequeña y mientras se encontraba de visita en casa de una familia conocida en un lugar que se ubicaba cercano a Cabrero, region del Bio Bio, fue al rio a refrescarse con la niña de la casa. Camino al rio a ella le llamó mucho la atención una especie de sibido que de cuando en vez se escuchaba. Fue tanta su curiosidad que decidio preguntarle a la niña que la acompañaba que era ese sonido. La niña muy relajada y con gran soltura le dijo que se trataba de un Culebrón que se encontraba cerca de ese lugar cuidando el entierro de un tesoro. Acto seguido la niña le ofrece ir a conocer al Culebron, a lo que la abuela (en ese entonces una adolecente) accede con gran curiosidad. Al llegar al lugar pudo apreciar una gran roca rodeada por una enorme serpiente cuyo diametro, por lo que pude deducir luego de algunas preguntas, era mayor que el de una pelota de futbol. Otro aspecto que le llamó la atención era su cara que parecia a la de un pez y que al abrir su boca emitia un gran silbido o chillido. El lugar estaba cercado perimetralmente por alambres de púa para evitar que alguien se acercará al animal. Ante este espectaculo la abuela-niña le dice a la niña que la llevó al lugar que arranquen pues esa “cosa ” podía atacarlas, a lo que la niña respondió que el Culebrón nunca se ha movido de ese lugar ya que cuida un tesoro que estaba bajo la roca.
    Luego, con la curiosidad viva siguió preguntando sobre el Culebrón y le contaron que “hasta balazos le han corrido” pero estos rebotaban en su piel. Incluso hubo una expedición militar que trató de matar al animal pero esta no pudo hacer nada.
    De eso han pasado muchisimos años, pero espero que ese animal siga alimentando ilusiones y creencias que tanto enriquecen nuestra cultura popular.

  4. Nacho dijo:

    Continuación…

    Partimos pues, caminando, una noche de lluvia, como llueve en el sur en inverno, con viento, casi horizontalmente. A poco andar nuestra ropa ya estaba empapada, pero el calor del andar y- que duda cabe, la emoción-, nos evitaba sentir el frio.

    Yo iba bien atrás, como perro apaleado, pues ya dije que me llevaron a regañadientes, pero tampoco tan lejos, pues temìa que de la oscuridad de la noche algo me atacara. Era un niño, pero tenía plena conciencia de que quizá lo que ibamos a hacer, podría ser una profanación.

    De cuando en cuando el “foquero”, que cargaba una pesada baterìa, encendia la potente ampolleta con la que alumbraba a lo vasto del potrero. Allà lejos se divisaba una liebre; se apagaba el foco y caminabamos, siempre contra el viento, hasta encender de nuevo la luz, estando ya “a tiro de escopeta del objetivo, para que uno de los viejos hiciera su punterìa sobre la liebre encandilada.

    Asi fuimos avanzando; hasta que varias liebres despues, la caminata dejò de ser cacerìa, por lo que empezò a haber mas dialogo entre los participantes.

    Yo estaba completamente desorientado en relacion al punto desde donde iniciamos la travesìa. Incluso “los que sabían” parecìan estar extraviados, puesto que no lograban dar con el sitio, tratando de recordar otros accidentes geográficos, arboles o señales de estar cerca.

    Anduvimos de aqui para alla hasta que finalmente dimos con la loma y los dos robles y el palito que habian enterrado para señalar el punto exacto de donde emanaba la llama. Era el sitio perfecto para un entierro.

    Se discutió buen rato sobre el procedimiento. Cada cual traia su teoría; comenzaron a emanar cuentos cada vez màs fantàsticos. Yo tenìa ya la piel de gallina cuando empezaron a excavar a pura pala. No se veia sencilla la tarea, puesto que la tierra estaba durìsima entre los dos robles, acaso por tantos años o jamàs haber sido labrada.

    Cuando ya el forado tendrìa unos veinte centimetros de profundidad, hubo un destello que provoco que varios del grupo se lanzaran de cabeza hacia el objeto que brillò, que resultò se runa moneda. El que la agarrò la exhibiò a los curiosos generando una carcajada generalizada pues era una simple moneda de 10 pesos (antigua, grande)que un chistoso habìa arrojado al hoyo.

    No se si fue esa talla, el frìo o la hora la que finalmente , y luego de haber seguido excavando un rato, hizo que el grupo desistiera de la busqueda.

    Pero 20 años despues no he podido dejar de recordar esta aventura y sueño con encontrar ese lugar y seguir excavando. Tal vez cuando crezcan mis hijos hagamos la misma travesìa. Y quiza a ellos tambien les de lo mismo si encontramos no algo.

  5. DINA dijo:

    Me gustan mucho ,estas cosas, sobre entierros, y leyendas
    concuerdo con lo que usted opina, pero algunas veses, la fantasia nos ayuda a sobrellevar la realidad.

  6. Nacho dijo:

    Hola,

    Una noche de invierno en la araucanía, cuando era muy niño, oi a mi hermano planeando -y pidiendo permiso a mis padres- para ir de noche en busca de un entierro.
    Algunas noches atrás, unos vecinos cazaban liebres cuando divisaron una tenue llama (fuego fatuo) entre dos antiguos robles, situados en la cima de una pequeña loma. Dejaron marcado el sitio exacto para volver con pala y con más amigos a desenterrar lo que sea que hubiere alli enterrado.
    En la casa trabajaba una nana que se habia criado en tierras mapuches, y ella le explicó a mi hermano que los entierros eran custodiados por un culebrón de extrañas características (plumas de gallina, dientes de perro). La unica manera de acceder al entierro era embriagando al custodio, por lo que sería preciso llevar vino para embutirselo apenas abriera la boca…

    Tuve que hacer una gran pataleta para conseguir que mi hermano me llevara. Sería una gran caminata en una noche de lluvia, atravesando potreros sembrados de trigo, tierras blandas y bosques. Mi corazon latía acelerado de solo imaginar las infinitas posibilidades que podrian darse al llegar “al lugar….”

  7. jaja dijo:

    ustedes ablan puras tonteras no saben lo ke es una leyenda y su informacion es incorrecta

    Señor anónimo, es usted muy libre de opinar así. Pero nosotros también somos libres para decirle dos cosas. Una, que debería culturizarse un poco más, al menos ortográficamente hablando. Y dos, que es usted quien no sabe leer, ya que el artículo al que se refiere no es de nuestra autoría, como bien especificamos al final del mismo cuando decimos: “Autor: Claudio Yáñez Valenzuela. Título original: “Un acercamiento a las leyendas de entierros en la zona central de Chile”. Publicado originalmente en la revista ‘Culturas Populares'”.

  8. la desconocida... dijo:

    son unos tontos.su informacion no sirve para nada en mi trabajo.publican puras estupideces y su pagina tambien es asi.

    Señorita o señora desconocida: No sabe usted cuánto lamentamos que no le sirva a usted lo que publicamos. Nos duele mucho ya que seguramente no estamos a su nivel, ni laboral, ni profesional, ni tampoco cultural. Debe estar usted en un trabajo muy cualificado y ocupando un alto cargo, ya que por lo que vemos no tiene siquiera que molestarse en aprender a escribir bien, pues puede prescindir de las mayúsculas y de los acentos. Además se puede permitir usted el lujo de llamarnos ‘tontos’ y de perder el tiempo visitando y leyendo nuestras humildes páginas, ya que si no las hubiera visitado y leído no podría luego calificarlas de ‘estupideces’. Nos dolerá en lo más profundo del alma que no nos visite de nuevo. Atte, Profesor Arkane y Mme. Aguamarine (Snifff…….)

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