El pescador y su alma

 (De un relato del mismo título de Oscar Wilde)

Sucedió que un joven pescador atrapó con sus redes a una sirena a la que dejó volver al mar con la condición de que, a su llamado, cantara una canción para que los peces acudieran a sus redes.

Entonaba ella todas las tardes sus canciones que hablaban de las colosales ballenas o de los argonautas  o de los pulpos que mueven sus múltiples brazos negros,  y los peces acudían a la superficie del mar y llenaban las redes del pescador. Pero la fascinación de la sirena no obraba solamente en los peces sino también en el pescador, que no pudo resistirse a su encanto.

El joven pescador escuchaba extasiado a la sirena y, embrujado por su voz, descuidó su pesca por pensar en ella. Comprendió entonces que estaba enamorado y quiso por esposa a la  sirena. Ante tal proposición, la sirena mueve la cabeza y esboza su rechazo porque ¿cómo podría casarse con alguien que tenía un alma? ¿cómo sería el alma del joven? De lo que estaba segura la pequeña sirena es que, a causa del alma, el joven era distinto de ella. Si la quería era necesario que se desprendiese de su alma.

 El pescador no duda y se dispone a desembarazarse de su alma lo antes posible pero ¿cómo hacerlo? Pide ayuda a la sirena, quien lamenta no poder ayudarlo porque los habitantes del mar no tienen alma. El joven entonces, recurre al hombre sabio del pueblo, al cura, para que lo ayude a desprenderse del alma, porque, razona, para qué quiere  su alma si no puede tocarla, verla ni conocerla. El hombre de Dios, justamente  indignado, le responde que esa petición le ha sido infundida, sin duda, por Satanás, o que ha bebido algún filtro mágico, porque el alma es lo que más aprecia el hombre y vale más que todo el oro del mundo. Con esa idea, se dirige el joven al mercado y ofrece su alma en venta, pero los mercaderes se ríen de él y le dicen que su alma no vale ni un cobre. El joven pescador, asombrado, reflexiona  acerca del valor de su alma que vale tanto oro para el cura y ni un cobre para los mercaderes.

Decide, entonces, consultar a una hechicera, quien le da la fórmula mágica para deshacerse de su alma: para ello sólo tiene que cortar, en una noche de luna, la sombra que proyecta su cuerpo. Porque la sombra es el cuerpo del alma, cuerpo leve y etéreo que no por ello, deja de ser distinto del alma. El pescador pudo, así, desprenderse de su alma…

 … Queda aquí abandonado el pescador a su suerte… que, como se imaginará el lector, no fue de ninguna manera buena… quizás porque el hombre no puede vivir sin alma. Porque la sombra es el cuerpo del alma; cuerpo leve y etéreo que, no por ello, deja de ser distinto del alma.

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Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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