Resurrecturi

Esta hermosa palabra latina, que significa “Los que resucitarán” y que suele verse en algunos cementerios, me recuerda un lema visto hace unos años en el umbral del camposanto de san Andrés de Teixido, en Galicia (donde, según la tradición, “vai de morto qui non foi de vivo“), y del que sé que también aparece en algunos lugares semejantes en Portugal: “Aqui moran ossos nostros esperando per os vossos“; frases ambas que no creo necesiten traducción alguna.

La palabra camposanto que designa a los cementerios significa literalmente “lugar de reposo”, “dormitorio”, y proviene de una palabra griega que significa acostarse, dormir. Todas las culturas consideran sagrados sus lugares de enterramiento, e incluso en nuestra cultura, celebridades de la política o de la iglesia -privilegios del poder- reciben sepultura en el interior de los templos o catedrales. Enterrar el cuerpo es darle un acomodo para que después pueda ser encontrado y recuperado de nuevo por su alma; por ello, lo más terrible, la ofensa más ignominiosa que puede hacérsele a un ser humano, es dejar sus restos a la intemperie, sin enterrar y con el riesgo de ser devorado por animales carroñeros, con lo cual se le cierra al muerto el camino a la inmortalidad.

La humanidad vive la experiencia de la muerte, pero no la asume, de ahí que se la muestre con ropajes que contribuyen a presentarla como una situación transitoria en la que el principio de vida se ha separado del cuerpo. Los sacrificios sangrientos en favor de los muertos tenían como objetivo ofrecerles la sangre necesaria para evitar que se extinguiera del todo la vida que se les supone. Cuando el principio de vida pasa a ser el alma, la muerte se interpreta como un estado transitorio en el que el alma, todavía viva, vaga separada del cuerpo en un mundo de espíritus sobrepuesto al mundo de los vivos.

Los seres humanos han combatido la muerte y se han hermanado con ella especialmente en sus rituales, el más significativo de los cuales es el enterramiento, que no es un tributo a la muerte sino a la vida. Lo que caracteriza a la especie humana frente a las demás especies, es que por no querer aceptar su muerte, ésta acaba teniendo en su vida una presencia a veces aplastante, mientras que en las demás especies ‘animales’, la vivencia de la muerte o no existe o es totalmente fugaz. Mientras nosotros tenemos una aplastante experiencia colectiva de la muerte, pero individualmente no podemos tener esa experiencia (nadie ha regresado todavía del ‘Más Allá’ para contarnos qué sucede y cómo es realmente ese trance), parece claro que las demás especies no tienen ni siquiera la percepción colectiva respecto a la muerte (salvo quizás los primates y puede que también los elefantes, según están intentando demostrar algunos estudios recientes); de manera que si fuesen capaces de describir esa vivencia, dichas especies sostendrían que son inmortales, porque no experimentan -no viven, no sienten- la muerte ni individual ni colectivamente.


Anuncios

Acerca de Josep Riera de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
Esta entrada fue publicada en General. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s