La desconocida historia del aceite de oliva

El aceite de oliva se utiliza desde la antigüedad, ya que las antiguas civilizaciones ya lo utilizaban. Prueba de ello es el gran legado cultural que ha llegado hasta nuestros días sobre el olivo, su cultivo, la forma de elaborar el aceite de oliva y todas las propiedades curativas que se le atribuían, ya que muchas civilizaciones antiguas le dieron el nombre de oro líquido.

Historia del aceite de oliva en América

El olivo y su cultivo se ha extendido más allá de las zonas mediterráneas, ya que su cultivo se encuentra en todos los continentes exceptuando la Antártica. Hay olivares en África del sur, en China y Vietnam, en Oceanía meridional, en toda América. Cristóbal Colón fue quien llevó el aceite de oliva a América y a finales del siglo XVIII se comercializó el aceite de oliva californiano.

La producción total de aceite de oliva en la tierra está en constante crecimiento desde principios del Siglo XX. Los antiguos decían que el Mediterráneo empieza y acaba con el olivo, señalando así la íntima unión entre la planta y el área geográfica, que consideraban una unidad orgánica y bien distinguida de aquellas zonas frías y húmedas que se encontraban al Norte y de las zonas desérticas y áridas al Sur y hacia Oriente.

El olivo fue uno de los primeros cultivos introducidos por los españoles en América. En el Archivo de las Indias, en Sevilla, hay muchos datos que se refieren a las plantaciones de olivos que llevaron las expediciones. Al parecer los aztecas desconocían los aceites a juzgar por la admiración que les causaba el empleo de las lámparas de aceite de oliva para iluminar la noche.

El olivo llegó de México a Perú; a finales del siglo XVI ambos países disponían ya de olivares en producción. A Chile el olivo llegó desde Perú. En Argentina el cultivo se inicia en el siglo XVI a partir de unas plantaciones llevadas por los colonizadores españoles, en tierras argentinas de los que son hoy las provincias de La Rioja y Catamarca, los olivos se adaptaron perfectamente y todavía en Arauco pervive un gran olivo, el llamado “olivo viejo” u “olivo de Arauco”, que se plantó en tiempos de Carlos III., Fray Junípero Serra llegó a la bahía de San Diego (California) en 1769 y fundó su primera misión, llamada misión de San Diego de Alcalá. Poco tiempo después se plantó el primer olivo y en los siguientes 54 años los padres franciscanos y los indios conversos que los acompañan, plantaron olivos en las 21 misiones que establecieron a lo largo de toda la costa californiana

El olivo llegó bastante más tarde a Carolina del Sur y a Florida, en donde lo introdujeron los griegos emigrantes que fundaron New Smyrma. Misioneros y emigrantes españoles e italianos llevaron también este útil árbol a Japón, Australia y África del Sur.

El aceite de oliva en España

Los primeros olivos de la Península Ibérica fueron cultivados en Cádiz y Sevilla; Cádiz fue un enclave muy visitado por los fenicios, los cuales mantenían relaciones importantes a través de su puerto, al igual que Sevilla, cuyo río Guadalquivir fue siempre navegable.

Cuando las tropas de Julio Cesar se enfrentaron en Hispania con las de Pompeyo, éstos acamparon entre olivos en la región del Aljarafe que rodea a Sevilla, tradicional enclave de éstos árboles y famoso por su excelente aceite de oliva. La palabra Córdoba significa molino de aceite y las menciones de sus olivares y la calidad del aceite de oliva, por ellos producido ya era famosa desde el tiempo de los romanos, al punto de que el poeta hispano-romano Marcial llamaba a las regiones andaluzas Betis olifera.

La región de Ampurias, inicialmente era una colonia griega rodeada de ciudades íberas cuyos vestigios aún se conservan, fue un importante centro de introducción del olivo, que vio su gran esplendor en la época romana, en las fértiles tierras de Tarragona, lugar donde se producen hasta hoy día excelentes aceites de oliva finos.

Los pueblos árabes que recorrieron la península se encontraron con los magníficos olivares. En la época de Al-andalus, se expandieron y mejoraron tanto las técnicas de cultivo como las de obtención del aceite de olivo. Durante los siglos XV y XVII se consolidó la expansión y distribución geográfica de los olivares actuales, cuya mayor densidad de plantaciones se encuentra en el centro de Andalucía y comprende a las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla.

La historia del olivo en el Bajo Aragón es muy parecida a la descrita para todo el área del mediterráneo, dada su proximidad y su peculiar clima similar al levantino. Posiblemente sus introductores fueron los fenicios o los griegos, lo que se sabe es que el cultivo del olivo no alcanzó demasiada importancia hasta la llegada de Escipión según se deduce del libro de Avienus Ora Marítima, en el que se denomina al Ebro “oleum flumen”, esto es, río del aceite.

La riqueza olivarera de la zona de Alcañiz (Bajo Aragón) queda demostrada en sus magníficos árboles de vida milenaria. De los más antiguos de España, introducidos ya en la comarca por la dominación romana, fue un acierto para la definitiva implantación de este árbol el estímulo con que los regidores de Aragón premiaban su cultivo con Real de Vellón que cada ayuntamiento estaba obligado a pagar por “planzón” al año de la plantada, una vez tomado. De este modo paulatinamente fueron cubriéndose de frondosos olivares serranías y llanos en la zona que el suelo y los propios agentes atmosféricos limitaron, por exigencias del arbolado y provecho del cultivador. En aquel entonces se utilizaban molinos árabes con tracción animal para la extracción del aceite de oliva y prensas de viga movidas a brazo para despachar la cosecha, hasta que hacia 1866 los franceses aportaron nuevas técnicas de fabricación y los aceites dejan de ser turbios y ácidos.

A primeros del siglo XX, diversas firmas comerciales de Marsella, Niza, Génova, etc., se instalaron con almacenes en la plaza de Alcañiz para adquirir directamente nuestras calidades, sin disputa, y ya roto el velo, todas las firmas comerciales de Cataluña y Levante se los disputan y adquieren.

El aceite de oliva es uno de los productos más característicos del Bajo Aragón. El cultivo del olivo vino a cubrir un paro estacional, mediante la dedicación a la recolección de la mano de obra agrícola que, durante los meses de invierno tenía poco empleo en la explotación antes del reciente auge de la fruticultura intensiva. Las condiciones climáticas, por una parte y las propias características de la variedad empeltre, casi exclusivamente cultivada en la zona del Bajo Aragón, producen un aceite de oliva de gran calidad.

El cultivo del olivo en la provincia de Teruel se circunscribe por razones ecológicas (limitación condicionada por la climatología) a la amplia comarca natural del Bajo Aragón. Tradicional es desde hace siglos la figura del olivo a lo largo y ancho de los campos y colinas de la Tierra Baja, habiendo jugado un importante papel a través de los años, en el desarrollo de su economía e influyendo decisivamente en la vida y costumbres de sus gentes

Los mejores olivos de España se dan en terrenos calizos, frescos y profundos. Los terrenos de esta zona del Bajo Aragón están incluidos en el grupo de los calizos secos del mapa de suelos de Huguet del Villar.

Historia del aceite de oliva en el imperio romano

El gran florecimiento del cultivo del olivo, vino aparejado con la expansión de todas las culturas. Ya fueran los fenicios y los griegos quienes implantaron su cultivo en la Península Ibérica. Sin embargo, la gran expansión y mejoramiento de su cultivo se debió a los romanos, quienes lo llevaron a todas sus colonias, donde podía desarrollarse. Las técnicas de cultivo y poda ya están ampliamente documentadas y recogidas magistralmente en los libros de agricultura de Catón. En el imperio romano, el olivo y sus ramas eran símbolos de paz, fertilidad y prosperidad.

Los romanos propagaron el cultivo del olivo por tierra mediterráneas europeas, mientras que los tirios, de origen fenicio y fundadores de Cartago, lo hicieron por el norte de África. Cuando los romanos vencen a los cartagineses y se apoderan de lo que hoy son los países de Magreb, había en Tunicia extensos olivares. Los cartagineses fueron buenos agricultores y transmitieron sus saberes y experiencias a las tribus beréberes y númidas de lo que hoy constituye el oriente de Argelia.

El cultivo del olivo, como el de la vid y otros frutales, contribuyo a la senderización de las tribus nómadas norteafricanas. Los nuevos conquistadores, los romanos, estaban tan interesados en la agricultura como los propios africanos sedentarios; los primeros porque deseaban mantener la paz, así como el abastecimiento de las ciudades y legiones del imperio. Los segundos porque querían enriquecerse aprovechando la coyuntura de la paz que solo los romanos podían garantizar frente a las invasiones de tribus nómadas. Todas estas circunstancias contribuyeron a la mejora del cultivo del olivar.

Los romanos al igual que los griegos frente a la coronas de laurel con que recompensaban a sus militares victoriosos, premiaban con coronas trenzadas con ramas de olivo a los ciudadanos que se habían distinguidos por haber prestado a su patria servicios extraordinarios. Numa segundo rey de roma, bajo cuyo reinado se disfrutó de una larga paz, se representaba siempre con una rama de olivo en la mano. Como en el caso de la paloma que soltó Noé después del diluvio y que regreso al arca con una ramita de olivo en su pico, para indicar que había pasado la cólera divina, una vez mas el olivo es el símbolo de la paz, de cultura y de progreso.

Avienus, autor romano preocupado por el cultivo del olivo y buen conocedor de Hispania, en su libro Ora Marítima llama al río Ebro Oleum Flumen, es decir, río de aceite. Durante el bajo imperio romano el cultivo del olivo se extendió por todo el litoral mediterráneo; es casi seguro que Rosas, Ampuria y Tarragona constituyeron los lugares por donde se introdujeron en Cataluña y Aragón los olivos, tan corrientes debían ser en toda la península que, el emperador Adriano, adoptó como el símbolo de la Hispania romana una gran rama de olivo

El aceite de oliva de la Bética gozó en época romana de merecido prestigio. Hay una colina muy cercana al puerto de Ostia, llamada Monte Testaccio que, según dice el conocido arqueólogo Dressell, está formada por una serie de estratos de restos de ánforas romanas, fabricadas en Hispania, que se empleaban para el transporte del aceite de oliva a Roma como se deduce de sus marcas y características. El estudio de este material ha permitido reconstruir la historia del aceite de oliva en los tres primeros siglos de nuestra era. El aceite de oliva de Hispania se conocía en todo el mundo occidental romano, sus vías comerciales naturales eran los grandes ríos: Ródano, Garona, Rin, Danubio, etcétera. A través del Canal de La Mancha y hasta finales del siglo II, todo el aceite exportado a Britania procedía de la Bética.

Historia del aceite de oliva en la cultura griega

El olivo y sus frutos están muy vinculados a la cultura griega, ya que como podemos apreciar en la mitología griega, se atribuye la fundación de Atenas a Cécrope, hacia el siglo XVI a. c. y a su promotora y protectora, la diosa Atenea quién, según la leyenda, hizo brotar un olivo en la ciudad con la punta de su lanza.

El mismo origen de Atenas es relacionado a la instalación del olivo por parte de Atenea, en lucha con Poseidón por la supremacía en la protección de la ciudad. Para calmar la contienda entre ellos, el sumo Zeus intervino, y estableció conceder el dominio de aquel territorio a quien fuera capaz de aportar el regalo más útil para la humanidad. Poseidón llevó un caballo, animal resistente, veloz y capaz de aliviar el trabajo de los hombres; Atenea, en cambio, apareció con una pequeña ramita retorcida entre las manos, de sutiles hojuelas de color verde argénteo. Poseidón ya estaba saboreando la victoria cuando Atenea empezó a explicar las extraordinarias propiedades del olivo: una planta fuerte, capaz de vivir largos años y de producir frutos apetitosos y sabrosos, de los que los hombres podían extraer un líquido ideal para sazonar la comida, dar fuerza al organismo, aliviar las heridas y también alumbrar la noche. La victoria de la diosa fue aplastante. Zeus decretó vencedora a Atenea, al donar a los ciudadanos la planta más útil y le fue concedida la soberanía sobre toda la región.

En la Odisea, la presencia del olivo se repite varias veces; por ejemplo, Ulises y sus compañeros utilizan una viga de olivo para cegar al Cíclope. A menudo suceden episodios en que los protagonistas son untados de aceite de oliva, como habitualmente ocurría en la época. El aceite de oliva también se utilizó en el apresto, para untar el hilo. Quizás el paso más célebre es el relativo a la cama nupcial de Ulises. Él mismo (Libro XXIII) “cortó un enorme olivo de vasta hojarasca y construyó a su alrededor una habitación”. Trabajó por lo tanto el tronco, encastrando en él adornos de oro, plata y marfil, creando un precioso y único tálamo.

Según la mitología, el arte de la agricultura les fue enseñado a los hombres por Aristeo, hijo de Apolo y de la ninfa Cirene. El cultivo del olivo fue tan importante que Aristeo también habría inventado los sistemas de extracción del aceite, entre los que se encontraría el lagar.

Hay que destacar que la presencia del olivo en la mitología es de gran importancia, directamente proporcional a la utilidad de la planta. Según una leyenda griega, una paloma partió de Fenicia para ofrecer una ramita de olivo al templo de Zeus en el Epiro.

El olivo no solo esta vinculado con la literatura y la mitología sino que también se encuentra en la vida cotidiana, ya que a los vencedores en los juegos olímpicos griegos se les coronaba con ramas trenzadas de olivo desde la séptima olimpiada.

En la Grecia clásica hay numerosas muestras que rastrean el cultivo del olivo y el uso del aceite. La técnica del vareo ya se utilizaba, y escenas de vareadores griegos están plasmadas en ánforas decoradas. Para los griegos el olivo era un árbol totémico, sobre todo para los ciudadanos atenienses, puesto que el olivo está en el origen de la fundación de la “polis”.

Aunque los habitantes de la Grecia antigua conocían el olivo silvestre, sus variedades cultivadas para la producción de aceite de oliva, procedían de Egipto, pero contribuyeron mucho a mejorar su cultivo y la extracción de su aceite. La importancia de ambos aspectos se comprende mejor al estudiar la severa legislación que los protegía y regulaba: quien arrancase un olivo del Areópago, cerca de Acrópolis, podía verse condenado al exilio y a la confiscación de sus bienes; además, ningún ateniense podía talar más de dos olivos en sus propiedades. El cariño que lo griegos sentían por el olivo se refleja en una leyenda según la cual, en torno al 480 a.C., durante las guerras medicas, el ejercito persa, mandado por Jerjes, se apoderó de Atenas y prendió fuego a la Acrópolis, en donde los árboles sagrados ardieron como antorchas. Cuando tras su victoria en Salamina los griegos regresaron a su patria sólo encontraron ruinas, ceniza y desolación. Pero Atenea, la diosa protectora de Atenas, hizo que los árboles sagrados rebrotasen durante la noche

Los griegos utilizaron el aceite de oliva como alimento; normalmente sus comidas se basaban en el pan, aceite, vino y miel, acompañadas a veces de queso y leche, pescado y carne. También emplearon el aceite de oliva como combustible para el alumbrado. El aceite de oliva también se utiliza como cosmético, en medicina humana y animal, para dar flexibilidad y suavidad a sus tejidos, así como sistema de conservación de otros alimentos.

Historia del aceite de oliva en Egipto

Bajo el reinado de Ramsés III se intentó en vano cultivar el olivo. El fracaso obligó al faraón a usar aceite de ricino para el alumbrado y para sus ungüentos, pero, sin embargo, se importó aceite de oliva de Palestina para la alimentación, ofrendas y perfumes.

Los olivos eran plantas bien conocidas en Egipto, esto se observa, en que entre los productos que se ponían en las tumbas de los faraones para su alimentación, en el transito hacia la otra vida, se encontraban a menudo estos frutos. De todos modos, la referencia más antigua y más fiable sobre el olivo se refiere a la importación de aceite de oliva de Palestina y Siria durante la IV dinastía. También se dispone de documentos que citan la existencia de un olivo sagrado en Heliópolis, durante la V y IV dinastía.

En la IV Dinastía, también encontramos muestras de registros sobre el comercio intenso que Egipto tenia con oriente a través de Cananea. Entre la lista de mercancías que se comerciaban se encuentra el aceite de oliva procedente de Siria y de Palestina

En los jeroglíficos, dibujos y estatuas de los egipcios se hallan numerosas referencias al olivo, a sus ramas o al fruto. En la famosa tumba de Tutankhamon se encontraron adornos y coronas elaborados con ramas de olivo y otras flores.

El Aceite de Oliva cretense es una de las decisiones económicas más importantes del antiguo Egipto (2.000 A.C.). Ya que el aceite, mezclado junto a otras esencias, fue muy estimado en el campo de la cosmética. Los preciosos ungüentos fueron conservados en las llamadas “macetas de estribo”. Con estos ungüentos se intervino también sobre las momias.

Los egipcios atribuían a la diosa Isis el adoctrinamiento a la humanidad sobre su cultivo y sus usos.

Las tablas micénicas, antiguos documentos de barro, son los primeros documentos escritos que hablan del aceite. Estas tablas nos hablan de la importancia que poseía el aceite de oliva en la corte del rey Minos para la economía de Creta, unos 2.500 años antes de Cristo.

En el antiguo Egipto existían perfumes con aceite. Estos reciben el nombre del principal ingrediente que llevan, o el del lugar de su procedencia. Los aceites perfumados son lo más parecido a nuestros perfumes actuales, por tener una presentación más o menos líquida, utilizarse en pequeñas cantidades y almacenarse en pequeños frascos o viales de alabastro o cristal.

Estos preciosos recipientes fueron originarios de Egipto, ya que allí se producían los perfumes más famosos del mundo antiguo y era donde se necesitaban. Eran de cristal con delicados colores, entre los cuales destaca el amarillo, muy difícil de obtener. En la actualidad, en Egipto se siguen fabricando frascos de perfume realmente delicados, aunque de aspecto árabe y por lo tanto, totalmente diferentes de los faraónicos. El perfume egipcio era fuerte y duradero en el que predominaban el olor de la canela y la mirra. Como casi todos los perfumes caros era incoloro. El que tenía 8 años de antigüedad era mucho más apreciado que el reciente. No se sabe si este perfume se fabricaba siempre en Egipto, pero en el siglo IV aún se vendía en Atenas.

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Acerca de Josep de Santantoni

Parapsicólogo e investigador psíquico. Hipnoterapeuta. Consejero y Sanador Espiritual. Exorcista y terapeuta de Liberación, por la gracia de Dios. Su esposa Aguamarine es Alta Maga blanca, vidente y médium. Consejera espiritual. Experta en rituales de Limpieza, Descargas y y Contrahechizos.
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